Donde situar-nos
Las prácticas artísticas inscriptas en los discursos de la posmodernidad, (que no están exentos de un proyecto político - ideológico y de los cuales el arte que no ha sido jamás ignorante, sabe de su existencia), plantean que la relación del hombre con el medio no es trascendente, sino catártica y tolerante, divertida y conformista. Muchos intelectuales tienden a sobrevaluar estos efectos, otros a derribarlos en lo que se ha denominado una visión integracionista o apocalíptica, según con que ideas se identifiquen.
Dentro del discurso general, la teoría latinoamericana de corte sociológico, plantea un sustento materialista de la relación artista medio y propone una revisión del concepto de arte situándolo en las características continentales, ya étnicas, ya geográficas ya de identidades nacionales., ya de contraposición a la cultura europea hegemónica.
En esta visión hiperrealista parece que los hechos sociales indicarían una imposibilidad de creer en una visión superadora seria o con alcances sustantivos significantes para nosotros. Es cierto que si se pudo pensar en una visión de progreso estaba marcada en la idea de un proyecto emancipador y que en este proyecto se afianzaban las diferencias raciales, religiosas, políticas y económicas.
Es cierto también que el creciente desarrollo de los mass media comenzó un proceso tácito de desconcientizacion de la identidad nacional y latinoamericano, pues estos aseguraron el desmoronamiento de una conciencia social, es cierto que a estos factores se suman la desigualad intelectual educativa, la violencia del que tiene mas, el obvio fracaso de la competitividad liberal.
Encontrar una alternativa que supere el discurso del otro europeo parece difícil, por eso la mirada intelectual de la teoría del arte latinoamericano pone énfasis en distinguir y separar características locales respecto del arte occidental.
Separar estos discursos se torna imposible desde que el arte esta sometido a las leyes del mercado. Hablar de identidad es, en términos actuales hablar de identificación a los proyectos establecidos que no tienen independencia de los círculos de consagración del poder económico, tanto a nivel de los grandes emprendimientos internacionales como en el nivel de los círculos locales o regionales y escapar a esta estructura es casi imposible si se pretende un nivel de visibilidad social importante.
Sin embargo, hay algunas prácticas artísticas que justamente por no pertenecer a estos circuitos gozan de mayor libertad. Y aceptarlas es reconocer que los gustos y necesidades pueden tener otras alternativas en el sistema. La Función, es la que da el fundamento a estos procesos, y es también la que garantiza estas prácticas.
Una función que esta basada en la necesidad de develar las características de esa sociedad en la que están insertos los mecanismos de circulación de obras y artistas. El proyecto, el como realizarla es lo que le da coherencia, no importa si pertenece a uno u otro proyecto identitario. Se torna así, el arte como un lugar común para una inquietud de realización, pero desde diferentes puntos de partida, donde el objeto, la obra es sólo un posible registro entre la persona y la acción.
La diversidad de la experiencia artística expresa múltiples realidades que nunca dan una única verdad. Este es el panorama actual donde se desenvuelven nuestras prácticas artísticas.
Según Pirson la estructura es el poder latente de todo individuo de engendrar objetos, querer y poder decir algo, donde existe interacción, hay prioridades y necesidades en relación al todo, la relación sale de dentro del sujeto. Si la estructura les da sentido a los objetos, los desentraña y les da un encuentro con un orden de contenidos, esa estructura puede engendrar nuevos actores en lo social artístico, menos expuestos y menos vulnerables a las modas, pero que den nuevos sentidos a la producción y puedan hacer diferencias, en lo cultural y social.
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