Acumular manchas

Sobre mis trabajos actuales  (2003-2005)   




Trabajo sobre el  hacer del sujeto experimentando sobre la relevancia entre lo que se oculta y lo que inevitablemente queda en una mancha. La mancha  se presenta entonces como algo que designa lo intangible del sujeto, es el resultado de un proceso de ensayo sobre la psiquis y sus componentes y se transforma en recorridos de una trayectoria o registro de elementos que presenta una arqueología de la historia que nos pertenece.
No podemos apresar las imágenes que nos suscita una mancha.
Coleccionar manchas es descoleccionar el mundo, transformarlo en particularidad. Las manchas son la imagen del propio retrato del espectador, no significan nada más que esto, no saben a conocimiento, no atrapan más que los propios fantasmas de quien las mira. Son la evidencia de nuestro reflejo, nos incriminan, nos interrogan desde su presencia. La única impresión que suscitan es la de la propia subjetividad puesta entre paréntesis y expuesta en el acto de verlas. Son la expresión más al límite de la ingenua relación entre arte y verdad pues ponen de relieve lo insospechado de nuestros deseos en el arte.
Acumular manchas  es acumular experiencia poco descifrable en términos racionales. Hacer manchas es intervenir  sobre la experiencia, acecharla y tomarla. Es registrar la intervención y quedar en suspenso frente al otro.
Si la representación siempre significó una intervención sobre la intimidad del otro, la mancha como representación, es la forma más leve de intervenir en la realidad sin violar al otro, porque la discusión que involucra,  es leve, de tan particular e individual.

La mancha es signo de ausencia de la representación, y presencia absoluta de la visión, es inmediatez abstracta en su máxima exponente, la única novedad es su variación, y allí esta su encanto, una mancha nunca es igual a otra, en ello es imposible de copiar.

De esta manera, mis elaboraciones presentan una reflexión sobre la naturaleza humana a partir de  los rastros y huellas que dejamos en nuestros actos. En la relación entre objeto y lo que representa se ponen en juego los mecanismos inconscientes que encarnamos y su presencia dominante en nuestra escena psicológica.
 Iconos y signos representan y presentan una mirada de lo que somos. Es la relación entre lo que se mira y lo que se da a ver. En ella, el dialogo esta mas en nuestras inquietudes como espectadores que en las presencias reflejadas en cada una de las impresiones, como si se tratara de un encontrarse recíprocamente sujeto y mancha, para averiguarse, removiendo estructuras éticas de la visión.
Las manchas nos ponen en situación de observar, alteran nuestras nociones sobre la representación, son una invitación para agudizar los sentidos. La evidencia aprovechable para ello, es la de mínima o máxima que puede el espectador disponer a partir de la mancha como algo que inviste lo insondable del existir. No contienen tema alguno, soportan el tema del espectador, son una invitación a la particular experiencia de la ansiedad.
El montaje de las obras urde una trama alrededor de las nociones de registro y serie. Registro que formalmente libera de las convenciones del cuadro, para presentarse lisa y llanamente como dato, como elemento básico de un proceso que se desarrolla interrumpidamente, a manera de notación visual del procedimiento en el tiempo. A su vez, el procedimiento es aleatorio: frotados, estampados, dedos, marcas, sobre papeles improvisados y no tanto, soportes designados en el momento.
La serie anestesia contra el deseo de arte en términos de habilidad y talento, desgasta el verlas en cantidad, su producción puede ser ilimitada pero en cada una hay un misterio, en el simulacro de la infinitud, aparece la osadía de cada una en su hipotético e incomprensible ser, no confirman ningún tipo de realidad más que la del sujeto que las mira. Cada serie es una crónica de un momento, un conjunto de imágenes posible a las que hay que titular, pero que exhiben en sus propios lazos el tiempo que las une.
La corporalidad misma es la mancha, ausente de representación.

            Estas obras son el resultado de un trabajo de investigación sobre  la topografía del espacio psíquico medida en el tiempo. Son signos que designan sin palabras, presencias de estados mentales, hablan de la perpetuación de lo material y lo mental,  tratando de establecer una dialéctica volcada a un mapa de conocimiento que establece relaciones entre tiempos reales, y tempo ritmo-orgánico de diferente duración.

  

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