EL OBJETO EN EL ARTE “LA SUBJETIVIDAD EN LAS NUEVAS “COSAS”
Mesa redonda en el ECA-2007
El arte contemporáneo introduce la práctica del “objeto” a partir del siglo XX, en una operación que en primera instancia plantea la evidencia de la materialidad a partir de la “presentación”, antes que de la “representación”.
La significación alcanzada por el material, en cuanto sustancia, manteniéndose como tal, y no sólo en los aspectos visuales sino en los aspectos sensibles, evocativos de la memoria, es de fundamental importancia en esta apropiación de la realidad.
Esta operación que convierte al arte en concepto, incide en la apuesta sobre el carácter procesual del acto y se torna una reflexión sobre la naturaleza del arte mismo, viene dándose desde el collage cubista, el assamblage, el arte objetual con las pinturas combinadas, acumulaciones, el objeto como tal, que se instala en el espacio, crea en él y con él.De la realidad tal cual es, tratada a partir de la imagen y sus usos, al objeto extraído directamente de ella, hay una línea de trabajo directa. Como se verá en las décadas posteriores al inicio del siglo, con los denominados objetualismos.[1]
En el collage cubista, en los objetos- idea y en los objetos- encontrados surrealistas se considera el potencial expresivo del objeto como realidad creativa. Se valoran las posibilidades asociativas y su capacidad de engendrar nuevos significados.
Sus características son poner el acento en lo efímero antes que lo perdurable y la sustitución de la realidad natural por la artificial creada por el hombre. El objeto es puesto a consideración desde significados antropológicos amplios. En general, muchos artistas, buscan que la obra se destruya después de su exhibición.
En el ready made, el carácter es más provocativo, con implicancias relativas al cuestionamiento del “concepto” de arte. La relación entre imagen y palabra (que propone el ready), justamente esta dada a partir de la no correspondencia semántica de los nexos de significado que emanan de ellas. El interés se sostiene justamente por ésta no correspondencia, transformada en presencia abrumadora de la cosa. Así, en el horizonte de las propuestas, los sentidos trabajan como complementarios, solo rozan una tangente, un borde, justamente un ready made.
En el fondo de la operación subyace una declaración: un objeto cualquiera es declarado arte por al simple acto de elección del artista.
La consagración del objeto se impuso a partir de 1960, presentándolo como medio mezclado, ni pintura ni escultura, que se puede colgar o colocar desde el suelo, sobrepasando los límites de lo artístico. Las presentaciones se sostienen desde la puesta en común de un punto a partir del cual reflexionar, punto que parte del humor, donde el propio arte se subjetiviza, humor real-izado en la ironía.
Este es el concepto con que M. Duchamp presenta sus objetos, “un objeto puede ser algo más que sí mismo.” El humor se presenta como instancia capaz de facultar la representación, pero que inscribiéndose en el objeto mismo, separa representación y objeto para que se parodien, se simulen, se finjan, se actúen.
El sujeto artista se ausenta del objeto, su inscripción en él está dada precisamente en su negativa a intervenirlo, es su humor hecho conciencia. Éste, es el espacio que ahora se abre en los objetos.
Las cosas son tratadas como signos, como meros signos de sí mismo, como virtuales palabras, pero desde la contundencia que sugiere su forma. En su aspecto presencial, el objeto como cosa inútil, nos propone lecturas verbales donde se consuma su inutilidad. De esta forma, la cosa se sustancia redefinida como función, nominalizada, no muere en los embates del ingenio artístico que sólo se ocupa de sí mismo.
El objetualismo planteó diferencias en los alcances de sus propuestas ya sea que partieran de una reflexión sobre el universo de los medios de comunicación, el universo del espacio ideológico, anti - burgués, del universo de la propia materialidad y sus diferentes aspectos, pero en general casi todas tienden a ser un programa, en tanto show provocativo.
Luego del pop, se tornó en una provocación a la estética y la moral, a través de cosas incongruentes, materiales efímeros, utilización de basuras. La crítica esta puesta en los diferentes aspectos de la realidad de las relaciones del hombre en la sociedad, con una carga sarcástica ligada a aspectos del sexo, el gusto, la religión, la política y el propio arte por supuesto.
“Cosa significa nada más que “algo” tal que no es nada”.[2]
Primero están los cosas, luego las obras o producciones. De esto habla la objetualidad de las producciones actuales. Más acá de su carácter de objetos, está su materialidad, su infraestructura cosal. Las cosas, en nuestro caso, antes de asumir una interpretación mediada por el artista o por el espectador, son formas que se tornan presencia. Las producciones contemporáneas acusan recibo de éste lenguaje primero de la realidad.
Se pueden identificar algunas constantes que variaron las presentaciones de las obras en diferentes aspectos. Asunción L. Salmerón señala en cuanto a las reconsideraciones de lo escultórico como:
“se fueron localizando en el arte nuevas actitudes en las que el objeto era encontrado, reconsiderado, metamorfoseado, reconstruido, reproducido y alterado, según unas propiedades físicas, formales, materiales, apelativas, icónicas, historiográficas, metafóricas, literarias, biográficas, simbólicas, geográficas, irónicas y gramáticas.”[3]
Estas operaciones de lenguaje son las maneras en que las prácticas artísticas remiten a la “realidad cósica” de la obra, en otras palabras, la obra se transforma en realidad cósica, a través de estas operaciones.
Por otra parte, los objetos como proposición, como puestos en escena, acentúan la necesidad de reflexión por parte del espectador. La realidad misma es presentada sin necesidad de alteración alguna, provocando en palabras de M. Fiz una “ambivalencia entre arte y realidad”.
Ya desde 1960, el arte objetual, ha sido uno de los polos de atención de las prácticas artísticas. Este se propone recuperar objetos de distintas procedencias, que estimulan una significación singular en el artista o el espectador con independencia de su función cotidiana o natural. Las asociaciones posibles de establecer, son en sí, la mayor riqueza que estos aportan, en cuánto a la especulación sobre el acontecer humano y sus relaciones con el mundo.
Sergio Rojas, nos dice que dos movimientos del arte contemporáneo, aparentemente opuestos, abordan plenamente “la cuestión de la desmaterialización de la obra de arte hacia otro tipo de materialidad cuya realidad enfatiza la dimensión de objeto o de cosa de la obra, el Minimal y el Arte Póvera.”[4]
El Minimal, lo hará buscando mostrar sólo aquello que es esencial al objeto, como hablando desde la grandeza de la simplicidad del objeto, de la exacerbación de la “neutralidad” de su presencia. Eludiendo todos aquellos aspectos que los espectadores esperamos de las obras[5].
El Arte Póvera, en cambio trabajará desde la reflexión sobre la afección que nos produce la materialidad de las cosas y su “carga subjetiva”. Lo que incitan en nuestra memoria o en la memoria de la sociedad.[6]
El paso a la objetualidad implica también, tratar las relaciones del ser humano con las producciones artísticas, en tanto cosas cotidianas, a las que se extrajo su “ser arte”, y sólo se disponen desde el mismo sistema del arte, para utilizarlo como plataforma de visibilidad, como instrumento, como retórica de una cotidianeidad que de otra manera pasaría inadvertida.
Al relacionar los interrogantes que plantea la obra con ámbitos de la existencia que trascienden la relación hombre- mundo exterior, se revelará una constante que tomará fuerza en gran parte de la producción del último siglo: la subjetividad. Pero una subjetividad asumida con la distancia necesaria para encontrar aspectos referenciales de la realidad que se intenta comprender y criticar sólidamente.
La imagen que tenemos de las cosas y de nosotros mismos, los modelos que armamos para explicarnos las cosas no son únicos e irrepetibles, los modelos varían, pero lo que si se puede establecer es cuál es el sostén, cuál es el esqueleto, la estructura de estos modelos. De esto se encarga la subjetividad entendida en términos actuales. Esta es la manera en que la subjetividad es abordada en las prácticas contemporáneas y que las filosofías de la subjetividad describen.
Sin embargo, el abuso de la ilimitada cantidad de recursos que la misma subjetividad aporta en las prácticas contemporáneas, minimiza su eficacia ante la densa permanencia de las cosas. Por ello, la subjetividad desbordante en las producciones, se opaca, ante la solidez referencial de los objetos. La subjetividad se torna entonces, a veces, poco creíble ante la opulencia de la exterioridad, del mundo cosificable y aparentemente objetivo.
La pregunta que se nos impone como decisiva ante el objeto transformado en realidad artística, ya no es hacia donde mira la subjetividad, sino desde dónde. Es esta pregunta la que pone en crisis la diferencia misma entre interior y exterior.”O, dicho de otro modo, se trata de “obras” cuyos límites cósicos (espaciales y temporales) se tornan inciertos. Si se tratara de acotar esa reflexividad en dos palabras, creo que se podría hablar de trabajos cuyo rendimiento en el espectador consiste en una especie de “darse cuenta”, y por lo tanto en una lucidez que no se cierra en la representación, que no se constituye en modelo. Es decir la obra opera una reflexión en la que cuestiona su inscripción en el mundo concreto en el que vivimos, entre las cosas.”[8]
El objeto promueve la imposibilidad de la obra, pero a su vez el objeto se torna imposible. La materialidad se sustrae a todo poder de representación y también de presentación, en un ver activo del espectador y ver pasivo de la obra que se exhibe insistentemente.
Por María Forcada
BIBLIOGRAFIA
v Alfonso de Vicente- El arte en la postmodernidad, Todo vale-Del Drac- Barcelona 1999
v Asunción Lozano Salmeron, La luz en el espacio del arte del siglo XX, Ensayos Virtual, 1995
v Marchan Fiz, Simón - Epílogo sobre la sensibilidad posmoderna- (del arte objetual al arte de concepto) Madrid -Ed,. Akal -1989.
v Sergio Rojas. Materiales para una Historia de la subjetividad, Blanca Montaña- Chile 1999
v Alberto Bargados, y otros,” Encuentros del arte con la antropología, la Psicología y la pedagogía, Angle editorial.-1997
[1] “Si establecemos un hilo conductor en el uso y apropiación de fragmentos de la realidad es necesario recordar que el uso del collage insertaba los materiales reales en el ámbito del cuadro a partir de una elaboración de los mismos en este contexto pero posteriormente, los fragmentos son utilizados sin modificaciones, (ya se dan en cierto sentido en los ready made)… El collage inauguraba las problemáticas de las relaciones entre la representación y lo reproducido, restableciendo identidad entre ambos niveles, los materiales reales cambian progresivamente de sentido, no subordinándose a la composición tradicional pictórica o escultórica sino gracias a su agrupación. Entre 1912 y 1924 el objeto es declarado arte. (Duchamp, rueda de bicicleta, fuente. 1917). La aproximación a la realidad es completa ya que en estos objetos es representada sin residuos imitativos. Con ello se inaugura la practica de de las declaraciones artísticas de realidad extra artísticas, o sea la apropiación epistemológica crítica y consciente de la realidad, alterando esquemas de comportamiento y proclamando la fusión arte y vida.
…Duchamp libera los objetos de sus determinaciones de utilidad y consumo. Vuelve a recuperar el objeto desde su apariencia formal, sometiéndolos a una descontextualización semántica que provoca toda una cadena de asociaciones y significaciones. Elimina toda diferencia entre objeto de arte y objeto de uso a través de la asociación extraña, la exposición museal, la designación del objeto y el nombre, proclamando el principio de que cualquier cosa puede ser motivo de articulación artística, en el arte objetual el proceso artístico posibilita la realización de obras sin las premisas del conocimiento manual tradicional, apoyándose en la relación selectiva, lúdica y libre y reflexiva al mundo de nuestra realidad artificial.” En S. Marchand Fiz, del arte objetual al arte de concepto, Akal, España, 1989.
[2] M. Heidegger citado en S. Rojas, “Materiales para una historia de la subjetividad”, Blanca Montaña , Chile, 1999, pag 344
[3] A. Salmerón, “La luz en el espacio del arte del siglo XX”,Ediciones Virtual, España, 1995
[4] S. Rojas, “Materiales para una historia de la subjetividad”, Blanca Montaña, Chile, 1999.
[5] en el sentido de las ideas y conceptos preformados, de las seudo valoraciones para con el calificativo de lo “artístico” que maneja el espectador “medio”.
[6]… “podría decirse que tanto el Minimal como el Povera, constituyen en cada caso propuestas visuales que, remitiendo la obra a una anterioridad “no artística”, ponen en cuestión la colaboración del arte en la producción industrial de sentido”, S. Rojas,“Materiales para una historia de la subjetividad”, Blanca Montaña , Santiago,1999, pag 344
[7] op cit
[8] op cit
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