Eduardo González Obra 2007-2008

Eduardo González Obra 2007-2008
Las obras de un artista son producto de articulaciones divergentes a partir de problemas que podríamos llamar existenciales, algo así como el esfuerzo de discernimiento posible de hacer en pos de “unos” sentidos y direcciones que nos permitan comprender nuestras circunstancias. Tres procesos se conjugan en la coyuntura actual del trabajo de Eduardo González:
-su alegato de la mancha, (que tiene un antecedente directo producciones anteriores del artista), la insistencia en la sensorialidad del material y el juego de las calidades cromáticas.
- el espacio como interrogante sobre el modo de acontecer de una existencia y con ello el planteo de renovación de la tradición paisajística.
-El uso del fragmento como variante significativa en el modo de abordar problemas visuales de su actual producción.
1- Respecto del presupuesto que se origina en la mancha y la sensorialidad cromática, el artista aborda problemas propios del lenguaje pictórico asumiendo su momento crítico: la supervivencia de una disciplina. La ilusión, o la cuestión de la apariencia, en términos técnicos: la mancha, el cromatismo, las veladuras, las salpicaduras, son procedimientos históricos utilizadas por los artistas que remiten a la sensorialidad y que hoy han desaparecido, entre otros motivos, por la superabundancia de imágenes estereotipadas tecnológicamente.
Danto llamó, estética materialista a la estética que desarrolla en su crítica del arte moderno, la que evidenció los medios y modos de producción sin ocultarlos. Según él, sólo se valoró la pincelada en el impresionismo cuando la pintura en sí dejo de ser un fin para transformarse en su medio, y con ello comenzó el modernismo.
En nuestras circunstancias, la simple diferencia entre medios y fines, no alcanza. Ya no se trata de problemas de contenido (fin) y lenguaje (forma), sino de problemas de superabundancia de mediaciones. La utilización indiscriminada del recurso técnico desubjetivado, la obsesiva recurrencia a nuevos procedimientos por su sola innovación, develan un desgaste del dispositivo técnico-crítico de enunciación/lenguaje del artista visual. Por eso podríamos decir que en el devenir de los procesos artísticos, la materialidad técnica, hoy puede ser de nuevo un instrumento para presentar esa parte de las vivencias que no puede ser adulterada por la mecánica de producción tecnológica actual, la que procede de las informaciones visuales.
Por ello, el color, como fuente de sensaciones objetivas y subjetivas del hacer, así como la técnica y el uso de los procedimientos pictóricos propios, remiten a un proceder que si bien se pretende despojado de su huella genial, para ser presentado como serie, repitencia, remite a una forma “primaria”, elemental, profundamente vivencial y capaz de concentrar todavía conexiones sensitivas con el mundo.
2-El espacio como renovación de la tradición paisajística, siempre ha sido motivo de reflexiones en la historia de los desplazamientos. M Heidegger lo piensa como “Acontecer que consiste en permitir la aparición de las cosas, a las que se ve remitido el habitar humano”.“El emplazar permite a las cosas, la posibilidad de pertenecer a su correspondiente a-dónde y desde él, la posibilidad de relacionarse con otras cosas. En estas dos facetas del emplazar se da la permisión de lugares. El carácter de este acontecimiento es esa permisión.”
En este caso, el espacio es la constate no señalizada en las obras de Eduardo. No señalizada remite a una manera de habitar la vacuidad de lo cotidiano, de sugerir la densidad paisajística que nos acompaña diariamente y que es, de nuevo, otra manera de presentar la inconformidad de un accionar casi diría disciplinario en la que nos enrolan a pesar nuestro los dispositivos provenientes de la massividad actual.
Ésta es también la actualidad de González, ese remitencia a un ser- estar a pesar nuestro, la mostración de aquello que nos remite a pensar el cuadro como continuom dinámico, en permanente movimiento, sin coordenadas específicas. Esto supone instaurar ciertas disposiciones a nivel sintáctico que mantienen el equilibrio entre complejidad y desorden.
Así, “el lugar permite a las cosas reunirse en su copertenencia… Cada cosa se le deja aparecer en su propio reposo…las propias cosas son los lugares y no solo que pertenecen a un lugar.”[1]
Si bien, desde algunos enfoques este análisis remite a un esencialismo que se vincula críticamente con el pluralismo, (lo que depende de las esencias no tiene nada que ver con políticas sociales, la esencia no contiene lo contingente cultural o históricamente,) plantea una pluralidad de rasgos genéricos instalados en el cuerpo propio del sujeto. En este sentido la actualidad local de lo moderno, en la obra de González, es la pervivencia de formas instituidas, el nexo entre una tradición que remite al lugar y unas posibilidades de pensar el lugar desde una impronta técnica transformada a partir de procesos pictóricos que como ya dije son propios de la pintura. Pero también su actualidad remite a esa recurrencia habitable que sugiere el paisaje mendocino, esa permanencia inhóspita en la mancha, de una soledad que aparece como imposible de subvertir.
3-Respecto de la aparición del fragmento como variante significativa en sus producciones parecen apropiadas las reflexiones de O. Calabrese sobre lo que llamó la era neobarroca: en ellas plantea la idea del todo, o entero, como sistema en el cual existe la presuposición de la parte, el elemento, del fragmento. Cuando un artista trabaja con la estrategia del fragmento usa tácticas que presuponen su objeto.
Pero ¿qué pasa cuando el fragmento remite a un todo no identificable? ¿A un fragmento de otra mancha? ¿Es sólo procedimiento? Pienso que si los confines del fragmento son interrumpidos, (poseen lo accidentado de la cosa no una línea neta) analizar un fragmento permitirá poner al espectador en la línea de la reconstrucción de su todo, por medio de hipótesis que en este caso son calidades sensoriales. Lo cual nos lleva a una adulteración del espacio tradicional representativo.
Por tanto el fragmento es ahora sugerencia (no explica el todo) sus límites son cuantitativos -(percibo la mancha que no se reconoce como objeto total pero que remite al límite de los sectores donde se presenta) -se transforma en sistema cuando renuncia a la pertenencia de su posición en él. El fragmento es entonces, una porción presente que remite a una indagación. Su exigencia es formal: expresar lo caótico, lo casual, el ritmo pausado de su repetición. Su puesta en escena implica la perdida de los valores de contexto y el gusto por la incertidumbre y la regeneración.
Eduardo busca plantear nuevas relaciones con este dispositivo del lenguaje, es su referencia básica a la inconsistencia intemporal, trabajando con el carácter perecedero del tema pero también con los efectos de la estereotipación informalista.
María Forcada
[1] M. Heidegger, El arte y el espacio En Toponimias, ocho preguntas o el lugar de las explicaciones. Catálogo Fundación La Caixa , Madrid, España, 1996. pág 39-42
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